"Estoy perdidamente enamorado de ti", me dijo el 7 de septiembre de 2000. "Y yo de ti", le respondÃ. Ese dÃa nos besamos por primera vez. Siete años después nos casamos. Nos prometimos amarnos, cuidarnos, respetarnos, estar juntos "en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad...". Y asà fue. Arnaldo, el hombre que más y mejor me quiso; yo, la mujer que más y mejor lo quiso.
El 14 de diciembre la vida se enfrentó a la muerte. Y la parca ganó. A Arnaldo le llegó la hora de irse. Y a mà la hora de la soledad.
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