Om Recuerdos
A lo largo de mi corta e intensa vida he almacenado cientos de miles de fotos, escritos y memorias, con mayor o menor orden. Siempre he confiado en la agilidad y frescura de mi cabeza, hasta que una noche de agosto del año 2021 tuve que dejar de hacerlo. Aquella noche veraniega comenzaba con un café nocturno delante de la catedral mallorquina. En aquel pequeño recoveco balear ojeaba mis poemas a la par que jugaba a encontrar la fotografÃa que pudo inspirar alguna de aquellas estrofas. Y entre cafés y música fui a parar con una fotografÃa que jurarÃa no haber hecho yo. Sin embargo, ahà estaba, imponente y con descaro ocupaba mi galerÃa. Rodeada de capturas y bocetos, aquella fotografÃa del paisaje balear no parecÃa tener lugar en mi memoria, y con el último sorbo de café no pude evitar preguntarme ¿Acaso estoy empezando a olvidar? Con esa pregunta a flor de piel decidà revisitar mi carpeta de escritos, lugar donde de vez en cuando garabateo algo con sentido. Fue entonces cuando un pequeño destello de claridad me acompañó. Una nota escrita en el año 2019 que recogÃa lo siguiente: Una de las grandes incógnitas de mi vida siempre se ha articulado en torno a esa bella paradoja sobre lo imposible que es saber de qué nos hemos olvidado. Con aquel sutil garabato en forma de nota algo nuevo surgió dentro de mÃ. A mis veintitrés años sentÃa que muchos de los grandes matices de mi vida dejaban de acompañarme. Y en un esfuerzo que jamás habÃa hecho, decidà sentarme a tratar de entender qué grandes momentos de mi vida merecÃa la pena recordar. En un primer momento creÃa que debÃa tratar de no olvidarme de aquellos en los que mi corazón habÃa sido el protagonista, hasta que a los pocos minutos entendà que ya era demasiado tarde para hacerlo, ya no podrÃa recordar todos aquellos momentos. Para los romanos el acto de recordar iba un poco en aquella lÃnea que creÃa correcta. La palabra recordari, formada por re (de nuevo) y cordis (corazón) se entendÃa como un volver al corazón. Y ahà estaba yo, sentado a orillas de la catedral más bonita del mundo, con una foto que me sobrecogÃa, pero incapaz de volver acercarme a mi corazón. Fue entonces cuando entendà que no podÃa hacer nada por todo aquello que ya habÃa olvidado. Acepté que la única solución pasaba por tratar de recoger todos aquellos momentos que me sobrecogen, y para ello la única forma que se me ocurrÃa era con papel y boli. Asà nacieron mis recuerdos y un año más tarde, sentado a escasos metros de aquel primer rincón, escribo este prólogo. Más allá de pequeños grandes momentos que he ido recogiendo con mimo en estas páginas, este libro, o, mejor dicho, primer volumen de recuerdos, tiene mucho más que contar. Para el mero lector, habrá pocos destellos de grandeza en este volumen, pero para alguno de los protagonistas de estas páginas, cada palabra es una mimada referencia que esconde mucho más de lo que parece. Me habrÃa gustado haber podido acompañar cada recuerdo con su respectiva fotografÃa, pero es una carga de trabajo que no he sido capaz de asumir. No solo me falta paciencia y tiempo, sino muchÃsima formación, entre otras cosas sobre el noble arte de la maquetación. Por otro lado, a pesar de las muchas horas y cientos de momentos dedicados a revisar cada una de estas páginas. Es más que probable que las erratas se hayan escondido, y fallos gramaticales y ortográficos jueguen al escondite en estas páginas. Es un pequeño gran inconveniente que acepto, pero, al fin y al cabo, yo no soy escritor, solamente soy un joven poco leÃdo que se ha empeñado en poner por escrito y en forman de pequeño homenaje, todo lo que una vez conoció y que más tarde olvidó. Esto es una pequeña gran colección de momentos con erratas con los que espero poder volver a mi corazón.
Vis mer