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Este estudio trata del itinerario que conduce al Amor. Conocerlo ya de por sà es muy interesante, pero tratándose de un itinerario obligado, que todos, absolutamente todos, tendremos que recorrer algún dÃa, hace que el asunto sea de la máxima importancia. Si conocemos de antemano las distintas etapas, las caracterÃsticas del terreno y las peripecias que en ellas nos veremos envueltos, sabremos en todo momento los esfuerzos que debemos estar dispuestos a realizar para superarlas, pues, en cada una de nuestras sucesivas existencias, tendremos que interpretar un episodio y fragmento de esta "divina" historia, unas veces con un cuerpo masculino y otras con un cuerpo femenino. Las funciones y los deberes respectivos de los hombres y de las mujeres han sido claramente definidos por la Naturaleza. Ha creado al hombre y a la mujer para que el uno y el otro realicen su propia misión dentro de la esfera que les ha sido trazada, que no es más que ayudarse mutuamente a "crecer". Los dos son indispensables. Ninguno de ellos puede ocupar el lugar ni hacer las funciones del otro. Y, aunque sus diversas predisposiciones sean claramente distintas, la interacción entre ambas es una valiosÃsima ayuda para recorrer el camino de vuelta a "casa". Tratar de imponer, pues, al hombre la obra de la mujer, es tan erróneo como querer imponer a la mujer la obra del hombre. Por tanto, este libro está dedicado a aquellos hombres que les gusta que la mujer sea y actúe como mujer; y a aquellas mujeres que les gusta que el hombre sea y actúe como hombre.
La Historia nos dice que todas las civilizaciones cayeron cuando éstas renegaron de los valores que un dÃa las hicieron grandes. Nuestra civilización occidental también se construyó a partir de unos ideales, de unos "absolutos" que hoy están en peligro: el genio griego nos legó el concepto de la Libertad en sÃ, de la Belleza en sÃ, y de la Verdad en sÃ; Roma la idea de "Ley" y "Derecho"; y el cristianismo la creencia en la Dignidad del hombre. Colocar unos ideales muy por encima de los caprichos y veleidades de los hombres, siempre ha sido la mejor y única garantÃa de libertad y prosperidad para cualquier civilización. Sin embargo, si, como hoy, rechazamos o ponemos en duda los valores sobre los que construimos la nuestra, estamos condenados a la autodestrucción. Otros vendrán y llenarán el vacÃo.
Todas las civilizaciones se fundaron a partir de unos principios que daban a la vida humana su sentido y su valor. Y todas, sin excepción, entraron en decadencia y se colapsaron cuando intentaron implementar sistemas y formas de vida contrarios al espÃritu y destino del hombre. Hoy, nuestra civilización se encuentra en esta misma situación: los principios sobre los que se fundó prácticamente han desaparecido. Y una sociedad sin principios está próxima a su ruina.Este fracaso se ha debido a la errónea idea de que la meta de la vida es satisfacer sin lÃmite las necesidades fÃsicas. Es decir, nuestra decadencia empezó cuando "progreso" dejó de significar progreso del alma, significando sólo progreso material. A partir de entonces los hombres se olvidaron de todos aquellos principios que daban valor y sentido a la vida humana. Y, cuando una sociedad pierde su "guÃa", los hombres fácilmente se corrompen por falsas ideologÃas, se pervierten por las deslumbrantes riquezas materiales y se infatúan de un desmesurado egoÃsmo; entonces, insatisfechos y amargados, no saben para qué y por qué viven, deambulando como zombis por la vida.Si en medio de las tinieblas quedan algunas personas responsables, su sola esperanza estará en encontrar su fuerza, valor y nobleza en los principios en los que se fundamentó nuestra civilización. Sólo si hay suficientes individuos valerosos y nobles, ésta se salvará. Por el contrario, si el carácter de toda ella está irrevocablemente perdido, no quedará ninguna cosa que valga la pena de ser librada de la total ruina.El propósito de este libro es, pues, ayudar al lector a encontrar por sà mismo el por qué y para qué está en esta vida.La felicidad es el resultado de saberse en el camino correcto, es la tranquilidad interna de saber hacia a dónde se dirige nuestra vida, es la certeza de no sentirse perdido por mucha confusión que haya en el exterior. Ãsa es la única felicidad posible.
¿Es el Islam la causa del terrorismo, de las luchas fratricidas entre los propios musulmanes; de los millones de desplazados, de los asesinatos indiscriminados; de las decapitaciones, de los degüellos, de la misoginia, de la lucha de sexos y de las demás barbaridades que diariamente se comenten en su nombre?Para uno que tenga dos dedos de frente le cuesta creer que una religión, que cuenta actualmente con 1.500 millones de seguidores (y sigue creciendo más que ninguna otra), se base en el odio, en la crueldad, en la venganza, en la destrucción y en el dominio de los más débiles, sobre todo de las mujeres.Este libro, escrito por un occidental de cultura cristiana, presenta -de una manera imparcial y desapasionada- las verdaderas enseñanzas de Mahoma y su vida (es decir, sus hechos), para que un lector maduro e independiente pueda sacar sus propias conclusiones, prescindiendo de lo que continuamente se le dice.
La eterna disputa entre cristianos, judíos y musulmanes viene del pacto que hubo entre Dios y Abraham. Cada una de estas tres comunidades cree que es la única que se mantiene fiel a él y, por tanto, el auténtico "pueblo elegido". Para saber quién tiene razón, es suficiente conocer la historia de los judíos y su relación con los cristianos y los musulmanes. Además, su historia es todo, menos "aburrida". Al contrario, en ella se encuentran todas las formas de gobierno posibles: tribal, democrático, monárquico, teocrático, aristocrático, oligárquico, cleptocrático y dictatorial. Asimismo, han ido adoptando a lo largo del tiempo innumerables fórmulas religiosas, proféticas, sacerdotales, rabínicas, nacionalistas, místicas, tradicionales y reformadas, e, incluso, se han identificado muchas veces con ideologías ateas, seculares o nacionalistas. Han sido nómadas y campesinos; pastores y artesanos; guerreros y hombres de letras; propietarios de esclavos y esclavos; acreedores y deudores; capitalistas y proletarios; ricos y pobres; ilustrados y analfabetos; provincianos y cosmopolitas; ingenuos y sofisticados; racionalistas y místicos; legalistas y moralistas; apóstatas y herejes; liberales y reaccionarios; nacionalistas y universalistas. Este apasionante libro, escrito de una manera sencilla, pero rigurosa, nos ayudará a entender muchas cosas.
Ante la actual situación política y económica que vivimos, todos nos hemos preguntado más de una vez ¿qué haría yo si tuviera el "poder" para cambiar las cosas? ¿Cómo enderezaría esta situación? ¿Qué cambiaría? ¿Cómo reconduciría a los hombres; a la sociedad entera? ¿Cómo orientarlos? ¿Cómo encarrilarlos? ¿Cuál es la medicina?Este pensamiento, a primera vista bien intencionado, no es más que una muestra de supina ingenuidad y arrogancia. La Divinidad, al ser la única que sabe dónde tenemos que ir, es la única que sabe cómo tenemos que ir. Pretender saber más que Dios cómo hacer que las cosas se perfeccionen lo más rápidamente posible, es de iluso. El Arte de rectificar a los hombres -la Alquimia- es, de hecho, la Gran Obra de Dios. Este libro -basado en un antiguo texto alquímico, de autor desconocido- nos enseñará por qué ocurre lo que nos ocurre (tanto a nivel personal como social) y, si queremos colaborar (y no enredar más), dirá a cada lector en concreto, qué debe corregir, qué debe cambiar, qué debe mejorar, qué debe perfeccionar y, finalmente, qué transmutar.
La actual crisis, que a todos nos afecta, no es debida a que nos sintamos incapaces de tirar para adelante; todo lo contrario, nos sentimos más capaces que nunca. El problema es que tropezamos con un muro infranqueable, llamado "Estado".La historia nos muestra que todas las Sociedades, acaban creando un "ente" con la ilusa esperanza de que éste proporcione felicidad y bienestar. Sin embargo, al poco de ser creado, el Estado se monta encima de la Sociedad y ésta acaba viviendo únicamente para mantenerlo. El pueblo se convierte en el alimento del insaciable monstruo, y toda la sociedad entra en un estado de servilismo; su interés por hacer cualquier tipo de esfuerzo, ya sea económico, cultural, moral o espiritual, desaparece. De ahà la gran crisis que vivimos. La Sociedad ha perdido el estÃmulo que le daba vida: la libertad. Nos hemos alejado de aquellas ideas esenciales sobre las que se fundó la civilización europea. Para los grandes apóstoles de la libertad, esta palabra significaba libertad frente a la coacción, libertad frente al poder arbitrario y supresión de cualquier lazo que impida al individuo su libre elección. Hoy, por el contrario, estamos en manos de un insaciable "lobo feroz" que nos tiene maniatados. Si fuéramos un poco más dignos e inteligentes hace tiempo que le hubiéramos parado los pies. Este libro pretende aclarar al lector cómo y porqué hemos llegado hasta aquÃ, y qué podemos hacer para liberarnos de las garras del monstruo.
A finales del siglo XVIII nació en Francia la "clase media". Ésta nunca ha tenido una vida fácil; siempre ha tenido que luchar para que se le reconozca su capacidad para regirse a sí misma. Hoy, doscientos años después, sus enemigos casi lo han conseguido: a diferencia de antes, ya no nos creemos capaces de vivir sin "tutores". Espero que este libro, que no se pone al servicio de nadie en particular ni de ningún partido, ayude al lector a identificar a los que, desde siempre, han pretendido mantener a la clase media en un estado de dependencia y sujeción.Por tanto, aunque este estudio se base en la historia de la clase media, desde la Revolución Francesa hasta nuestros días, no es un libro histórico, sino "político". Su lector ideal es aquél que no está especialmente interesado en el pasado, sino aquel que desea saber cómo y por qué el mundo ha llegado a ser lo que hoy es y hacia dónde va la clase media, si ésta no reacciona.En el mundo hay demasiados "grandes hombres"; hay demasiados legisladores, organizadores, planificadores, conductores de pueblos y padres de la patria; demasiada gente, en fin, que se coloca por encima de la humanidad para regentarla. Demasiada gente que se toma como "oficio" el ocuparse de ella.
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