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La consulta externa en el Instituto Mexicano del Seguro Social deja mucho que desear. El "Sistema Médico Familiar" es la causa principal de lo anterior. Se trata de un sistema caduco y obsoleto, además de ser muy oneroso. Los "médicos familiares" del IMSS no son, ni se sienten, médicos de familia alguna. Por su parte, los derechohabientes, salvo excepciones, no consideran médico de su familia a los médicos que les imponen. Esto no es reciente, ocurre desde hace más de medio siglo. La imposición del "Sistema Médico Familiar" se basó en suposiciones erróneas, dogmáticas, románticas y cursis. El resultado lo sufren millones de derechohabientes y lo toleran miles de médicos. El otro gran problema es que el IMSS decidió, desde su inicio, que la consulta externa se impartiera en instalaciones propias y contratando colectivamente al personal para atenderlas. Si la atención de primer nivel no se impartiera en instalaciones propias, no habría clínicas de consulta externa, no existiría el obsoleto Sistema Médico Familiar, no se hubiera tenido que contratar a nadie, los derechohabientes tendrían libre albedrío para escoger al médico que los atendiera y los médicos elegidos por ellos ganarían de acuerdo a su capacidad y carga de trabajo. Nada de esto implicaría un costoso mayor para el derechohabiente, que seguiría pagando las mismas cuotas, y sí supondría un ahorro inmenso para el Instituto que actualmente mantiene cientos de edificios (clínicas), atestadas de burócratas. De todo esto trata este libro. También, por supuesto, de plantear una alternativa.
Todos estamos expuestos a ser objeto de una agresión, o de una enfermedad inesperada y de aparición repentina, que precise ser atendida por expertos en el manejo de urgencias médico-quirúrgicas. En la gran mayoría de los casos, especialmente cuando se trata de cualquier tipo de agresión o traumatismo, la primera atención se da en hospitales públicos de Urgencias. Muy pocas personas, de las que habitan en grandes ciudades, conocen los problemas que se viven todos los días en este tipo de hospitales, o se interesan por conocerlos.Sin embargo, cada noche de guardia en un hospital público de urgencias es una aventura, es un "vive o muere". Se trata de un mundo de carencias e indiferencia; es un mundo frío. Pero es también un mundo cálido en el que resaltan la responsabilidad, la capacidad profesional y el heroísmo. Mire para donde mire, lo que veo es dolor, cansancio, angustia, necesidad de una mano amiga, necesidad de dar la mano. Percibo incomprensión e indolencia en unos; entrega, preocupación genuina y amor en otros.Sé muy bien de qué estoy hablando, porque desde hace muchos años vago por hospitales de urgencia con el alma en un hilo.
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