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Minner

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  • av Lope de Vega
    289,-

    RICARDO: ¡Linda burla! FEBO: ¡Por extremo! Pero, ¿ quién imaginara que era el duque de Ferrara? DUQUE: Que no me conozcan temo. RICARDO: Debajo de ser disfraz, hay licencia para todo; que aun el cielo en algún modo es de disfraces capaz. ¿Qué piensas tú que es el velo con que la noche le tapa? Una guarnecida capa con que se disfraza el cielo. Y para dar luz alguna, las estrellas que dilata son pasamanos de plata, y una encomienda la luna. DUQUE: ¿Ya comienzas desatinos? FEBO: No lo ha pensado poeta de estos de la nueva seta, que se imaginan divinos. RICARDO: Si a sus licencias apelo, no me darás culpa alguna; que yo sé quien a la luna llamó requesón del cielo. DUQUE: Pues no te parezca error; que la poesía ha llegado a tan miserable estado, que es ya como jugador de aquellos transformadores, muchas manos, ciencia poca, que echan cintas por la boca, de diferentes colores. Pero dejando a otro fin esta materia cansada, no es mala aquella casada. RICARDO: ¿Cómo mala? ¡Un serafín! Pero tiene un bravo azar, que es imposible sufrillo. DUQUE: ¿Cómo? RICARDO: Un cierto maridillo que toma y no da lugar. FEBO: Guarda la cara. DUQUE: Ése ha sido siempre el más crüel linaje de gente de este paraje. FEBO: El que la gala, el vestido y el oro deja traer tenga, pues él no lo ha dado, lástima al que lo ha comprado; pues si muere su mujer, ha de gozar la mitad como bienes gananciales.

  • av Tirso de Molina
    289,-

    LISENA: No has de verle. Sueltalé; que ya pecas de cansada. Mira que le rasgaré. DIANA: ¿Tú has de encubrirme a mi nada bien lo que me amas se ve. ¡Tú a tal hora en el jardín sola, con luz y papel, sin que yo sepa a qué fin! ¿Merece saber mas de él que yo esta murta y jazmín? Si de testigos te enojas, que hablar puedan en tu mengua cuando cuentes tus congojas, yo solo tengo una lengua, e infinitas estas hojas. Murmurar las siento aquí con cualquier aura liviana, y debe de ser de ti; porque siendo yo tu hermana, no te osas fïar de mí. Lisena, suelta el papel o dime lo que contiene y a quien estimas en él. LISENA: Ni que lo sepas conviene ni una letra has de ver de él. DIANA: ¿No soy tu hermana mayor? LISENA: ¿Qué importa aquí el parentesco donde el secreto es mejor?

  • av Domingo Faustino Sarmiento
    289,-

    En septiembre de 1842, cuando todavía no dan paso las nieves que se acumulan durante el invierno sobre la areta central de los Andes, un grupo de viajeros pretendía desde Chile atravesar aquellas blancas soledades, en que valles de nieve conducen a crestas colosales de granito que es preciso escalar a pie, apoyándose en un báculo, evitando hundirse en abismos que cavan ríos corriendo a muchas varas debajo; y con los pies forrados en pieles, a fin de preservarse del contacto de la nieve que, deteniendo la sangre, mata localmente los músculos haciendo fatales quemaduras.Los Penitentes ; columnas y agujas de nieve que forma el desigual deshielo, según que el aire o el sol hieren con más intensidad, decoran la escena, y embarazan el paso cual escombros y trozos de columnas de ruinas de gigantescos palacios de mármol. Los declives que el débil calor del sol no ataca, ofrecen planos más o menos inclinados, según la montaña que cubren, y descenso cómodo y lleno de novedad al viajero, que sentado se deja llevar por la gravitación, recorriendo a veces en segundos distancias de miles de varas. Este es quizá el único placer que permite aquella escena, en que lo blanco del paisaje sólo es accidentado por algunos negros picos demasiado perpendiculares para que la nieve se sostenga en sus flancos, formando contraste con el cielo azul-oscuro de las grandes alturas.

  • av Pedro Antonio de Alarcon
    228,-

    En el piso bajo de la izquierda de una humilde pero graciosa y limpia casa de la calle de Preciados, calle muy estrecha y retorcida en aquel entonces y teatro de la refriega en tal momento, vivían solas, esto es, sin la compañía de hombre alguno, tres buenas y piadosas mujeres, que mucho se diferenciaban entre sí en cuanto al ser físico y estado social, puesto que éranse que se eran una señora mayor, viuda, guipuzcoana, de aspecto grave y distinguido; una hija suya, joven soltera, natural de Madrid y bastante guapa, aunque de tipo diferente al de la madre (lo cual daba a entender que había salido en todo a su padre), y una doméstica, imposible de filiar o describir, sin edad, figura ni casi sexo determinables, bautizada hasta cierto punto en Mondoñedo, y a la cual ya hemos hecho demasiado favor (como también se lo hizo aquel señor Cura) con reconocer que pertenecía a la especie humana...

  • av Jules Verne
    228,-

  • av E. T. A. Hoffmann
    228,-

    Durante todo el día 24 de diciembre, los hijos del consejero médico Stahlbaum no pudieron entrar en ningún momento en la sala, y menos aún en el salón de gala contiguo. Fritz y Marie estaban juntos, encogidos, en un rincón de la habitación del fondo. Era ya de noche, pero aún no habían traído ninguna luz, como solían hacer siempre en ese día señalado; así que sentían miedo. Fritz, susurrando en secreto, reveló a su hermana menor (acababa de cumplir siete años) que desde las primeras horas de la mañana había estado oyendo ruidos, murmullos y suaves golpes en las habitaciones cerradas. Le contó también que poco antes había pasado por el pasillo, a hurtadillas, un hombrecillo oscuro con una gran caja bajo el brazo, pero él sabía bien que no era otro que el padrino Drosselmeier. Marie comenzó a dar palmas de alegría y exclamó: ¿¡Ay! ¿Qué nos habrá hecho el padrino Drosselmeier? ¡Seguro que es algo muy bonito!

  • av Laurent Francois
    754,-

    " La réception faite à Son Altesse Impériale Louis-Napoléon dans les départements de l¿Est avait été un grand événement politique. A Bar-le- Duc, à Nancy, à Lunéville, à Strasbourg, dans ces grandes villes et dans ces belles campagnes de la Meuse, de la Meurthe et du Bas-Rhin, le cri de Vive l¿Empereur! avait retenti avec éclat et réveillé des échos dans la France entière. On pouvait pressentir dès lors l¿enthousiasme qui allait accueillir l¿Élu de la nation dans son long voyage à travers les départements du Centre et du Midi. Ce voyage a été décisif. Il a une immense importance historique. Il a révélé la France à elle-même. Il a donné une formule à la volonté nationale. C¿est de là que date la forme définitive du gouvernement. Il y a pour tous un véritable intérêt à connaître, dans tous leurs détails, ces manifestations éclatantes qui sont comme la pré- face de l¿Em pire."

  • av Francisco De Quevedo
    289,-

  • av Felipe Trigo
    228,-

    Entró, tiró al diván el abrigo y el sombrero, y tomó la carta que le presentaba este diplomático hombre de patillas.-¡Hola, Manuel! ¿Y Ramón?-Está enfermo.-¿Enfermo?-Pero descuide el señor; me ha dicho que vendría usted, como todos los lunes..., y que entra la señora por la fotografía.Dicho esto, el diplomático hombre de patillas volvió a su tarea de poner la mesa con cubiertos para dos.Gerardo leyó la breve esquela y marcó un gesto de fastidio.-Bueno. Ojo al teléfono. Son las doce. Avisará a la media en punto. Dame coñac.Se sentó y fuéronle servidas, en una mesita de té, la copa y la botella. Estaba de frac y guante blanco el camarero. Él también -y le hizo sonreír la elegancia del buen hombre para andar entre potajes.Tendió un brazo y cogió un Heraldo, que habría olvidado en el pie del macetón otro cliente. Traía el retrato suyo, y el de la Aragón, y el del fiscal, entre dos columnas de prosa del sumario.

  • av Tirso de Molina
    289,-

  • av Ford Madox Ford
    289,-

    Esta es la historia más triste que jamás he oído. Habíamos tratado a los Ashburnham durante nueve temporadas en la ciudad de Nauheim con gran intimidad¿, O, más bien, habíamos mantenido con ellos unas relaciones tan flexibles y tan cómodas y sin embargo tan íntimas como las de un guante de buena calidad con la mano que protege. Mi mujer y yo conocíamos al capitán Ashburnham y a su señora todo lo bien que es posible conocer a alguien, pero, por otra parte, no sabíamos nada en absoluto acerca de ellos. Se trata, creo yo, de una situación que sólo es posible con ingleses sobre quienes, incluso en el día de hoy, cuando me paro a dilucidar lo que sé de esta triste historia, descubro que vivía en la más completa ignorancia. Hasta hace seis meses no había pisado nunca Inglaterra y, ciertamente, nunca había sondeado las profundidades de un corazón inglés. No había pasado de sus aspectos más superficiales. No quiero decir con eso que no conociéramos a muchos ingleses. Viviendo, como nos veíamos obligados a hacerlo, en Europa, y siendo, como nos veíamos obligados a serlo, americanos ociosos, lo cual equivale a decir que éramos muy poco americanos, no nos quedaba otro remedio que frecuentar la compañía de los ingleses de clase alta. Porque París era nuestro hogar, algún sitio comprendido entre los límites de Niza y Bordighera nos proporcionaba cuarteles de invierno todos los años, y Nauheim siempre nos recibía desde julio hasta septiembre. Deducirá usted de estas afirmaciones que uno de los dos estaba, como suele decirse, «delicado del corazón», y, cuando le diga que mi esposa ha muerto, comprenderá que era ella la enferma.

  • av Alexandre Dumas
    289,-

    Cierto día de Cuaresma, el 22 de marzo del año de gracia de 1718, un joven caballero de arrogante apariencia, de unos veintiséis o veintiocho años de edad, se encontraba hacia las ocho de la mañana en el extremo del Pont Neuf que desemboca en el muelle de L¿École, montado en un bonito caballo español. Después de media hora de espera, durante la que estuvo interrogando con la mirada el reloj de la Samaritaine, sus ojos se posaron con satisfacción en un individuo que venía de la plaza Dauphine. Era éste un mocetón de un metro ochenta de estatura, vestido mitad burgués, mitad militar. Iba armado con una larga espada puesta en su vaina, y tocado con un sombrero que en otro tiempo debió de llevar el adorno de una pluma y de un galón, y que sin duda, en recuerdo de su pasada belleza, su dueño llevaba inclinado sobre la oreja izquierda. Había en su figura, en su andar, en su porte, en todo su aspecto, tal aire de insolente indiferencia, que al verle el caballero no pudo contener una sonrisa, mientras murmuraba entre dientes: ¿ ¡He aquí lo que busco! El joven arrogante se dirigió al desconocido, quien viendo que el otro se le aproximaba, se detuvo frente a la Samaritaine, adelantó su pie derecho y llevó sus manos, una a la espada y la otra al bigote.

  • av Benito Perez Galdos
    289,-

    El héroe (por fuerza) de esta fábula verdadera y mentirosa, don Carlos de Tarsis y Suárez de Almondar, Marqués de Mudarra, Conde de Zorita de los Canes, era un señorito muy galán y de hacienda copiosa, criado con mimo y regalo como retoño único de padres opulentos, sometido en su adolescencia verde a la preceptoría de un clérigo maduro, que debía enderezarle la conciencia y henchirle el caletre, de conocimientos elementales. Por voces públicas se sabe que quedó huérfano a los veinte años, desgracia lastimosa y rápida, pues padre y madre fallecieron con diferencia tan sólo de tres meses, dejándole debajo de la autoridad de un tutor ni muy blando ni muy riguroso; sábese que en este tiempo Carlitos se deshizo del clérigo, despachándole con buen modo, y se dedicó a desaprender las insípidas enseñanzas de su primer maestro, y a llenar con ávidas lecturas los vacíos del cerebro. Lo que se decía del señor Marqués de Torralba de Sisones, padrino y tutor de Carlitos, es como sigue: Aunque el buen señor vivía en continuo metimiento con gente de sotana y hocicaba con el Nuncio y el Marqués de Yébenes, estaba, como quien dice, forrado por dentro de tolerancia y benignidad, virtudes que no eran más que formas de pereza. Por esta razón gastó manga muy ancha con su pupilo, y no le puso ningún reparo para que leyese cuanto le pidieran el cuerpo y el alma, ni para mantener constante trato con muchachos de ideas ardorosas y atropellada condición, despiertos, redichos, incrédulos como demonios. Pero en estas menudencias o chiquilladas no paraba mientes el Marqués tutor, caballero de cortas luces. A su ahijado no exigía más que un cumplimiento exacto de las fórmulas y reglas del honor, la cortesía, el decoro en las apariencias. Nada de escándalos, nada de singularizarse en sitios públicos; evitar en todo caso la nota de cursi; proceder siempre con distinción; divertirse honestamente; al teatro a ver obras morales, cuando las hubiere; a misa los domingos por el que no digan, y por las noches, a casita temprano.

  • av Mark Twain
    289,-

    No hay ningún carácter, por bueno y puro que sea, que no se pueda destruir con el ridículo, por tosco y mezquino que sea. Observemos al asno, por ejemplo: su carácter es casi perfecto, es el espíritu más selecto entre todos los animales más humildes, y sin embargo ya sabemos lo que el ridículo ha hecho de él. En vez de sentirnos halagados cuando nos llaman asnos, nos quedamos dudosos.¿Del calendario del Bobo Wilson.La persona que ignora los asuntos legales siempre puede cometer errores al tratar de fotografiar con su pluma una escena de un tribunal; y por eso, yo no quería que los capítulos legales de este libro fueran a la imprenta sin someterlos antes a una revisión y corrección rígidas y exhaustivas hechas por un experto leguleyö si es así como los llaman. Esos capítulos son ahora correctos en todos sus detalles, porque fueron escritos de nuevo bajo la mirada vigilante de William Hicks, quien estudió algo de leyes un tiempo en el sudoeste de Missouri, hace treinta y cinco años, y luego vino a Florencia por su salud y sigue trabajando, por la comida y la cama, en el almacén de piensos de Macaroni Vermicelli, que se encuentra en el primer callejón que vemos al doblar la esquina de la Piazza del Duomo, un poco más allá de la casa que tiene la pared de piedra, donde Dante acostumbraba sentarse hace seiscientos años, cuando dejó de contemplar cómo construían el campanile del Giotto, pero se cansaba de esperar que Beatrice pasara por allí para comprarse un trozo de pastel de castañas y poder defenderse con él en caso de una revuelta gibelina, antes de llegar a la escuela, en el mismo puesto donde lo venden hoy en día, tan ligero y bueno como entonces, y eso no es ninguna adulación, ni mucho menos. Había olvidado un poco las leyes, pero las refrescó por causa de este libro, y los dos o tres capítulos legales están ahora perfectos. Él mismo me lo dijo así.

  • av Tirso de Molina
    228,-

    LAMBERTO: Pues a mi cargo has quedado, tu remedio está a mi cuenta, y así quiero darte estado. CABALLERO: Si tu amor honrarme intenta, trueca el nombre de cuñado en el de hermano apacible; no fuerces mi inclinación, mira que es cosa terrible, sabiendo mi condición, casarme. LAMBERTO: Ya es imposible deshacerse este concierto. CABALLERO: ¿No ves que ya mi edad pasa de los límites, Lamberto, que piden bodas? LAMBERTO: Tu casa, como sin hijos han muerto tus padres, reduce en ti mi nobleza y sucesión. Palabra a Jacobo di de casarte, y no es razón no cumplirla. CABALLERO: Resistí a mis padres tantos años el peso del casamiento, Argel de penas y engaños, sirviéndome de escarmiento sucesos propios y extraños que ya en mis amigos veo, ya entre mis parientes toco, ya en varias historias leo, ¿y quieres volverme loco violentando mi deseo?

  • av Flora Tristan
    355,-

    " Flora Tristan était une militante socialiste et féministe, une figure majeure du combat social en faveur des femmes et des ouvriers. Fascinée par le spectacle de l'Angleterre de la première révolution industrielle, que résume la capitale britannique, Londres la "ville monstre", foyer du capitalisme et du paupérisme, elle en a donné dans ses Promenades dans Londres (1840, 1842) un tableau puissamment évocateur. Mais, en même temps, elle porte son regard sur le monde des marginaux et des exclus : délinquants, malades mentaux, prostituées. Ce livre est étonnamment moderne et proche en dépit du décalage chronologique."

  • av Emile Zola
    289,-

    Ya eran las nueve. La pequeña ciudad de Vauchamp acababa de meterse en la cama, muda y oscura, bajo la glacial lluvia de noviembre. En la calle de Récollets, una de las más estrechas y menos transitadas del barrio de Saint- Jean, una ventana seguía iluminada, en el tercer piso de una vieja casa, cuyos desvencijados canalones dejaban caer torrentes de agua. Madame Burle velaba junto a un endeble fuego de tocones de viña, mientras su nieto Charles hacía los deberes bajo la pálida claridad de una lámpara. El apartamento, alquilado por ciento sesenta francos al año, se componía de cuatro enormes habitaciones que nunca lograban calentar en invierno. Madame Burle ocupaba la más amplia; su hijo, el capitán-tesorero Burle, había elegido la habitación que daba a la calle, cerca del comedor; y el pequeño Charles, con su catre de hierro, se perdía al fondo de un inmenso salón cubierto de mohosas tapicerías que ya no se utilizaba como tal. Los escasos enseres del capitán y de su madre, muebles estilo Imperio de caoba maciza, abollados y con los apliques de cobre arrancados tras los continuos cambios de guarnición, desaparecían bajo la alta techumbre de la cual se desprendía como una fina oscuridad pulverizada. Las baldosas, pintadas de un rojo frío y duro, helaban los pies. Entre las sillas tan sólo había pequeñas alfombrillas raídas, tan desgastadas que tiritaban en medio de ese desierto barrido por todos los vientos, que se filtraban por las puertas y las ventanas dislocadas.

  • av Honore de Balzac
    228,-

    La persona realmente peculiar con la cual me dispongo a entretener al lector por algunos instantes, es decir, mi tío, era uno de esos individuos distinguidos por la naturaleza, para quienes el destino provoca auténticos milagros. Desde la más temprana edad, supo sobreponerse a esos poderosos prejuicios que dominan a la sociedad, y que, vistos de manera filosófica, no son sino debilidades morales, pues supo vivir con la calidad de un hombre que tiene cincuenta mil libras de renta, a pesar de no tener un solo céntimo de ingreso legal. Después de haber disfrutado de todos los goces que un hombre puede desear durante sesenta años, vivió un fin digno de él, al dar su último suspiro en el restaurante de un conocido suyo, quien había tenido no pocas ocasiones de admirar sus brillantes cualidades y la fuerza de su genio. Mi tío nació el 1 de abril de 1761 en Saint-Germain-en-Laye. No voy a hablar de los primeros años de su vida, que pasaron pacíficamente, como los de todos los niños mimados por sus madres. Hacía tiempo ya que mi abuela estaba deseando una prueba de cariño conyugal por parte de mi abuelo, mas tuvo que esperar diez años antes de obtenerlo, y mi tío fue el primer fruto (mi padre no nacería hasta diez años más tarde). Mi abuelo, deslumbrado de igual manera que su esposa por el cariño hacia su hijo, no sabía reconocer ninguna de las pasiones que algún día brotarían en el corazón de «su tesoro», y a pesar de que era un hombre de ingenio, no supo darle a su educación la dirección adecuada.

  • av Baltasar Gracian
    228 - 289,-

  • av Tirso de Molina
    228,-

    Nunca al tálamo justo, coyundas de Himeneo, de Peleo y de Tetis enlazaras con la cerviz el gusto; ya que dio a Peleo la mano Tetis, nunca convidaras los dioses, ni injuriaras la discordia traviesa, cuya manzana de oro ponzoña dio en tesoro e infausta sobremesa a la ocasión tirana si hechiza a toda Grecia una manzana. Nunca fuera piadosa con el pastor tirano la osa tributaria de sus pechos, o ya que de una osa mamó el licor villano, pues al monstruo cosario pagó pechos nunca de él satisfechos, árbitro juez le hicieran competidores ojos, ocasionando enojos, que tal venganza esperan, si yo llevo la pena, la gloria Venus y la culpa Elena. ¡Ay Penélope bella¡ ¡Ay hijo amado mío! Mitades de mi vida; en mi tormento, estorbos atropella de amor el señorío cuando a la honra obliga el juramento. Contra el pastor violento

  • av Tirso de Molina
    289,-

    GERÓNIMA: ¿Hay huésped más descortés? ¡Un mes en casa, al regalo y mesa de don Gonzalo, y sin saber en un mes que mujer en ella habita, o si lo sabe, que es llano, blasonar de cortesano y no hacerme una visita? ¡Jesús, Quiteria, es grosero aunque tú vuelvas por él! QUITERIA: Yo, en lo que he notado dél, perfeto le considero: la persona, un pino de oro; un alma en cualquiera acción; de alegre conversación, guardando en ella el decoro que debe a su calidad; en lo curioso un armiño, mas no afectando el aliño que afemina nuestra edad; mozo, lo que es suficiente para prendar hermosuras mas no para travesuras de edad, por poca, imprudente. Júzgole yo de treinta años. GERÓNIMA: Pinta en él la perfección que el conde de Castellón en su Cortesano.QUITERIA: Extraños humores en ti ha causado ese enojo que condeno. Ya no tendrá nada bueno, porque no te ha visitado. Si ignora que en casa hay dama, ¿qué le culpas?

  • av Gabriel Miró
    228,-

    La mañana es más clara y gozosa en torno del molino.Ruedan las velas henchidas, exhalando una corona de luz como la que tienen los santos.En el reposo caliente y duro parece que se oiga la senda rajándose de sol y hormigueros. El viento que bajó de la quebrada, y se durmió en la pastura, y se puso a maldecir en los vallados y en el cornijal de las heredades, da un brinco y se sube al molino, y tiembla y bulle en las aspas de lona.Las seis alas se juntan en una para los ojos: la que está en lo alto y hace más jovial y más fresco el azul. Y desde arriba canta una tonada de brisa luminosa que dice:-¡Buen día y pan!Ya no tiene que trabajar la muela, o se ha marchado el viento antes que el maquilero, y el molino se va parando, parando...Se queda inmóvil y como desnudo.Una hormiga gorda, sin soltar el grano que cogió del portal, le murmura a su comadre:-¡Mira el molino! ¡Tenía una vela remendada!La comadre se ríe frotándose los palpos.-¡Válgame! ¡Tanta vanagloria, y con un remiendo!

  • av H. G. Wells
    228 - 289,-

  • av Tirso de Molina
    228,-

    CLODIO: Rendíos, caballeros, que somos cuatrocientos bandoleros. MELIPO: ¿Qué habéis de hacer tan pocos contra tantos, si no es que venís locos? CONSTANTINO: Yo no rindo la espada a quien la cara trae disimulada. Quien de ella no hace alarde, traidor es, y el traidor siempre es cobarde; que, en fin, entre villanos, cuando las caras sobran, faltan manos; y será afrenta doble que se rinda a quien no conoce un noble; pues ser traidor intenta quien descubrir la cara juzga afrenta. PELORO: ¡Mataldos, caballeros. CONSTANTINO: Mal conocéis, villanos, los aceros que aqueste estoque animan. ANDRONIO: Porque no te conocen, no te estiman. Diles quién eres. CONSTANTINO: Calla, cobarde, que es honrar esta canalla mostrar tenerlos miedo. Cincuenta somos, y el valor que heredo, basta. ANDRONIO: ¡Qué desatino! CONSTANTINO: Villano, ¿es bien que tema Constantino a cuatro salteadores, cuando besan sus pies emperadores? ¡Mueran los foragidos! TODOS: ¡A ellos!

  • av Richard Héritier
    373,-

    Richard Héritier s¿engage dans l¿armée à l¿âge de dix-sept ans. Trois ans plus tard, en 1939, il est en garnison au Liban. Peu après l¿invasion allemande, il entend l¿appel du 18 juin et rejoint la France Libre à Londres, au prix d¿une évasion risquée et d¿un périple incroyable. Après de nombreuses missions périlleuses en France, il est arrêté à Lyon par Klaus Barbie et torturé à la prison de Montluc, puis transféré à Fresnes à Paris. Déporté, il connaîtra plusieurs camps de concentration, subira la faim, la peur, la souffrance sous les coups. Mais il fera aussi des rencontres qui réchaufferont son c¿ur, ranimeront son désir de vivre et sa confiance en l¿être humain. Au fil de ces années, la mort est souvent très proche, mais il y échappe plusieurs fois comme par miracle et finit par croire à sa bonne étoile. Ce livre transmet l¿intégralité de son récit bouleversant, écrit de sa main à la libération en 1945.

  • av Dorian Anderson
    294,-

    "At a personal and professional crossroads, a man resets his life and finds sobriety, love, and 618 bird species, cycling his way to a very Big Year. In Birding Under the Influence, Dorian Anderson, a neuroscience researcher on a pressure-filled life trajectory, walks away from the world of elite institutions, research labs, and academic publishing. In doing so, he falls in love and discovers he has freed himself to embrace his lifelong passion for birding. A North American Big Year-a continent-spanning adventure in which a birder attempts to see as many species as possible in twelve months-is a massive undertaking under any circumstances. But doing it on a bike while maintaining sobriety? That's next level. As Dorian pedals across the country, describing the birds he sees, he confronts the challenges of long-distance cycling: treacherous weather, punctured tires, speeding cars, and injury. He encounters eccentric characters, blistering blacktop, dreary hotel rooms, snarling dogs, and an endless sea of smoking tailpipes. He also confronts his past struggles with alcohol, drugs, and risky behaviors that began in high school and followed him into adulthood. Birding Under the Influence is a candid, honest look at Dorian's double life of academic accomplishment and addiction. While his journey to recovery is simultaneously poignant and inspiring, it is ultimately his love of birds and nature that provides the scaffolding to build a new and radically different life"--

  • av Ludovic Halevy
    289,-

    Con paso firme y ligero aún, caminaba un anciano sacerdote por la vía cubierta de polvo, bajo los rayos del sol de mediodía. Más de treinta años habían transcurrido desde que el abate Constantín era cura de la pequeña aldea que dormía, allá en la llanura, a orillas de un débil curso de agua llamado el Lizotte.Un cuarto de hora hacía que el abate costeaba el muro del castillo de Longueval, cuando llegó a la puerta de entrada, que se apoyaba alta y maciza sobre dos enormes pilares de viejas piedras ennegrecidas y roídas por el tiempo. El cura se detuvo y miró con tristeza los grandes avisos azules pegados a los pilares.Los avisos anunciaban que el miércoles 18 de mayo de 1881, a la 1 p. m. tendría lugar, en la sala de audiencia del Tribunal civil de Souvigny, la venta del dominio de Longueval, dividido en cuatro lotes:1.º El castillo de Longueval y sus dependencias, lindos estanques, vastos canales, parque de ciento cincuenta hectáreas, todo cercado de pared y atravesado por el río Lizotte. Base para la venta: seiscientos mil francos.2.º La granja de Blanche-Couronne, trescientas hectáreas. Base: quinientos mil francos.3.º La granja de la Rozeraie, doscientas cincuenta hectáreas. Base: cuatrocientos mil francos.4.º Los plantíos y los bosques de la Mionne, cuatrocientas cincuenta hectáreas. Base para la venta: quinientos cincuenta mil francos.

  • av Oscar Wilde
    228,-

    Decoración: Gabinete de confianza en la casa de lord Windermere, en Carlton. Puertas en el centro y a la derecha. Mesa de despacho, con libros y papeles, a la derecha. Sofá, con mesita de té, a la izquierda. Puerta balcón, que se abre sobre la terraza, a la izquierda. Mesa, a la derecha. (LADY WINDERMERE está ante la mesa de la derecha arreglando unas rosas en un búcaro azul. Entra PARKER.)PARKER. ¿ ¿Está su señoría en casa esta tarde?LADYWINDERMERE. ¿ ¿Quién ha venido? PARKER. ¿ Lord Darlington, señora.LADY WINDERMERE. ¿ (Titubea un momento.) Que pase¿ Y estoy en casa para todos los que vengan.PARKER. ¿ Bien, señora. (Sale por el centro.)LADY WINDERMERE. ¿ Prefiero verle antes de esta noche. Me alegro de que haya venido.(Entra PARKER por el centro.) PARKER. ¿ Lord Darlington. (Entra LORD DARLINGTON por el centro. Vase PARKER.) LORD DARLINGTON. ¿ ¿Cómo está usted, lady Windermere? LADY WINDERMERE. ¿ ¿Cómo está usted, lord Darlington? No, no puedo darle la mano. Mis manos están todas mojadas con estas rosas. ¿No son hermosas? Han llegado de Selby esta mañana. LORD DARLINGTON. ¿ Son totalmente perfectas. (Ve un abanico que está sobre la mesa.) ¡Qué maravilloso abanico! ¿Puedo examinarlo? LADY WINDERMERE. ¿ Véalo. Bonito, ¿verdad? Lleva puesto mi nombre y todo. Acaban de enviármelo. Es el regalo de cumpleaños de mi marido. ¿No sabe usted que hoy es mi cumpleaños? LORD DARLINGTON. ¿ No. ¿Habla usted en serio? LADY WINDERMERE. ¿ Sí, es hoy mi mayoría de edad. Día completamente importante en mi vida, ¿no? Por eso doy esta noche una reunión. Siéntese usted.

  • av Gabriel Miró
    289,-

    Está Serosca en medio de una vega de mucha abundancia. Tiene hondas tierras oliveras de santísimo reposo. Hay josas umbrías y almendrales que, cuando florecen, visten todo el campo de blancura de una pureza y voluptuosidad de desposada. El herreñal tierno, mullido, donde duerme el viento y se tiende el sol ya cansado y se oye siempre un idílico y dulce sonar de esquilas, y los chopos finos, palpitantes, de un susurro de vuelo, dejan en el paisaje una emoción de inocencia, de frescura, de alegría tranquila. Pero los montes que pasan a la redonda parece que aprieten y apaguen la ciudad. En los días muy abiertos y limpios, desde las cumbres y las majadas de la solana, se descubre el azul inmenso del Mediterráneo. Los rebaños trashumantes, cuando llegan a los altos puertos, se quedan deslumbrados del libre horizonte. Los pastores miran la aparición de un barco de vela, un bello fantasma hecho de claridad. El barco se pierde, se deshace como una ola; o, pasa la tarde, y sigue parado lleno de resplandores; un vapor negro y codicioso se desliza por debajo y lo deja obscurecido de humo. Se queda solo el blanco fantasma, hundiéndose dentro del azul que parece todo mar o todo cielo. Llegada la noche, los astros bajan en el confín, al amor de las aguas. El barco debe de estar recamado de estrellas, como una joya de la Virgen de Serosca.

  • av James Joyce
    289,-

    No había esperanza esta vez: era la tercera embolia. Noche tras noche pasaba yo por la casa (eran las vacaciones) y estudiaba el alumbrado cuadro de la ventana: y noche tras noche lo veía iluminado del mismo modo débil y parejo. Si hubiera muerto, pensaba yo, vería el reflejo de las velas en las oscuras persianas, ya que sabía que se deben colocar dos cirios a la cabecera del muerto. A menudo él me decía: «No me queda mucho en este mundo», y yo pensaba que hablaba por hablar. Ahora supe que decía la verdad. Cada noche al levantar la vista y contemplar la ventana me repetía a mí mismo en voz baja la palabra «parálisis». Siempre me sonaba extraña en los oídos, como la palabra gnomón en Euclides y la simonía del «catecismo». Pero ahora me sonó a cosa mala y llena de pecado. Me dio miedo y, sin embargo, ansiaba observar de cerca su trabajo maligno.

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